Francis Millet

Francis Millet

domingo, 29 de abril de 2012

Fiel a la memoria (1)


Lamento de Gudrum junto al cadáver de Sigurd (pintura mural)


Impronta


Indefenso
se quedó preñado el aire de estragos sin sentidos
en una vida cruzada por caprichos rotos
donde naufragan identidades huérfanas.
Violado el gesto le descubre
y hace gala de una herencia recibida
-silencios encadenados a conjuros arrogantes-
palabras que hacen rebosar el caliz agostado de su boca,
lamentos sin tregua vencidos sobre espaldas,
que recorren el paisaje de la piel en estallidos de asombros.

 Todo empezó cuando la memoria era pequeña
y aguardaba su tiempo en la cuna.


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martes, 27 de marzo de 2012

Málaga en febrero



Sumida en el sueño
Revello de Toro
   




Se marcha febrero, un mes generoso con el frío, que asumió protagonismo fuera de nuestros sueños como insólita poesía para una tierra templada por el mediterráneo. La ciudad, para conseguir su fin de hacernos felices, transmuta la manera habitual de percibir la vida intentando escapar de un tiempo que va más allá de lo acostumbrado. Compartimos un mismo lenguaje y hablamos de temperaturas y pronósticos, de versos de lluvias y vientos, grises permanentes y extrañas circunstancias, imágenes que invitan a la lectura y a quedarse en casa sentados al calor de las faldas de una mesa camilla. Comparamos otras vivencias y nos sentimos felices. Somos una ciudad ordenada. Así pues, que estemos en invierno y pasemos frío no es un impedimento para la felicidad.

 Fue el filósofo musulmán Al Farabi quien definió la ciudad como una sociedad ordenada, en la que todos podemos ser felices si nos ayudamos y nos entendemos. Solo así será posible. Pero la ciudad es también cultura y el hombre que crea la ciudad deberá conocer y amar esa cultura. Un primer paso es acercarse a los museos. Málaga ha tenido un comienzo lento pero decidido en el camino del Arte. Desde los años sesenta y setenta volvió a renacer el interés por el desarrollo y las actividades culturales, los libros, los conciertos. Se recuperaron el Teatro Cervantes, el Ateneo, La Fundación Unicaja y La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo; se ha puesto en marcha la Fundación Picasso y La Orquesta Filarmónica. Hoy cuenta con unos treinta museos, la mayoría están situados en el mismo centro histórico. Museos que llevan nombres importantes como el de Picasso y el museo Carmen Thyssen, o el  Centro de Arte Contemporáneo.

 Hay otros menos conocidos pero apetecibles en estos días destemplados de febrero, que también nos inician en el legado artístico de la ciudad. Tienen una atracción especial estos museos que se mantienen en silencio, casi inadvertidos, con una imagen acogedora de hogar. La casa-taller de Pedro de Mena, imaginero del siglo XVII, es uno de los pocos inmuebles domésticos que se conservan de ese periódo en Málaga. Fue restaurada en su configuración original y habilitada por encargo del Ayuntamiento. Con esto consiguió recobrar su corazón y sus méritos artísticos. El edificio tiene un patio central rodeado de galerias cubiertas y una gran puerta de cuarterones que da entrada a la escalera de dos tramos que lleva a la planta primera y a la planta superior. Ahora es Patrimonio histórico y un referente cultural. En ella se ha instalado el museo Revello de Toro.


De las ciento cuarenta y dos obras, óleos, bocetos y dibujos, que fueron cedidas por el pintor malagueño Felix Revello de Toro, ciento cuatro forman la colección permanente del museo. Retratos de su entorno familiar, de su esposa y de su hija; bodegones y naturalezas muertas, además de algunas muestras de su etapa inicial en acuarelas y en pastel, nos dan a conocer a un artista de gran creatividad, sensible y preciso en su trabajo. Es principalmente conocido por la elegancia con que retrata la belleza de la mujer, inspiradora de la mayor parte de sus obras. El poeta Manuel Alvar decía que las mujeres de Revello de Toro son la imagen de lo que él que querido que sean, de lo que, por ellas, queremos que sean, aunque tal vez se reduzcan a algo que no son.

 Sumida en el sueño, de trazos suaves y de una sinfonía de blancos que envuelven delicadamente a la modelo, es el trabajo más estimado por el pintor y ocupa un espacio reservado en el museo. Mención aparte merecen sus dibujos y bocetos, a lápiz y al óleo, que están expuestos en grandes vitrinas especialmente diseñadas. La serie Doce rostros de Mujer destaca por la gran maestría con que está realizada. Por expreso deseo del pintor todas sus obras han sido cedidas a la ciudad donde nació para que queden expuestas permanentemente.

 Por último visitamos en la planta baja la Sala Memorial dedicada a Pedro de Mena y Medrano. Un audiovisual nos detalla su nacimiento en 1626, la juventud y formación en Granada, los principales momentos de su vida como su matrimonio y el establecimiento definitivo en Málaga con la misión de terminar la sillería del Coro de la Catedral. Su obra, que se encuentra muy dispersa geográficamente, es de imaginería religiosa a excepción de las esculturas de los Reyes Católicos para las catedrales de Toledo y Málaga. Pedro de Mena ha quedado en la memoria de los malagueños por el Crucificado, el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, que realizó para el convento de Santo Domingo alrededor de 1665 a 1670. La desapareción de la imagen durante los trágicos acontecimientos del año 1931 aumentó su veneración y la rodeó de un halo mítico. El Cristo que ahora desfila por las calles de Málaga en la noche del Jueves Santo no es una copia exacta del de Mena, aunque se le conoce con este nombre.

Decía el filósofo e historiador alemán Samuel Pufendorf, que la cultura es todo lo creado por el hombre. El museo es el testimonio material de esa cultura; su fin es conservar y darla a conocer poniéndola al alcance del hombre. La ciudad es otro testimonio. Tiene su propio lenguaje; cada rincón, calle, edificio, pliegue en el asfalto, nos habla de su origen y su historia, explica su pasado y confirma su presente. Nuestra misión es entonces asumir los valores que nos transmite, reconocer su diversidad y transmitirlos. En el fondo se trata de nuestra propia historia. De todas formas quedan museos por recorrer y mucha cultura a la espera de un diálogo.





Pedro de Mena

viernes, 2 de marzo de 2012

Retrato de un estilo de vida alegre y descarada

Banquete de los arcabuceros



Pareja bailando




Si pensamos en la Holanda del siglo XVII vemos a un país aún en rebeldía, pero ya en sus últimos años de lucha por conseguir su independencia y liberarse del poder central en Madrid. También la Iglesia llevaba ya algún tiempo en guerra. El movimiento de reforma había traído el protestantismo, que encontró su arraigo en los territorios del norte holandés mientras que los católicos quedaban en el sur. Los protestantes calvinistas, sobrios y obstinados en su resistencia e impulsados por las necesidades que sufrían y por el odio hacia los privilegios que gozaba el clero, hicieron desaparecer toda mística religiosa limpiando de imágenes, obras de arte, pinturas y otros inecesarios lujos en abadías, conventos e iglesias. Ya nada distraía la atención de los feligreses.

Sin embargo, no todo fueron conflictos. Aunque la contienda duró ochenta años, hubo sus momentos de calma e intrigas, alianzas, asedios y treguas, y desde principios del siglo empezó a notarse un cambio en la situación a favor de las provincias holandesas. Las ciudades crecieron y la industria y el comercio se incrementaron desde que en 1602 se estrableció la Compañía holandesa de las Indias Orientales, la sociedad mercantil más grande y poderosa de su época, que se hizo con el monopolio del comercio entre Europa y Asia. Desde este momento comienza un tiempo de prosperidad que da lugar a lo que será llamado el siglo de oro holandés.

Con el desarrollo económico crece también el interés por las ciencias, la literatura y las artes. Los holandeses fomentaron en gran manera sus preferencias por la pintura. La burguesía adinerada disfrutaba de enormes fortunas y vivía en grandes casas señoriales. Tenía dinero de sobra para rodearse de productos de lujo con los que poder competir en su rango social. Un modo de hacerse notar era la adquisición de obras de arte, muebles, tapices y porcelana. Los cuadros eran también algo muy deseado como objeto decorativo. La pintura estaba al alcance de la clase media, dejó de ser un privilegio de los más ricos, aunque los grandes maestros estaban reservados para la élite. En casi todas las casas disponían de suficientes cuadros para cubrir las paredes. La pintura dejó de ser un privilegio de los más ricos y así creció un mercado intenso y variado de este género.

El arte de la pintura en la Holanda del siglo XVII se destaca por su realismo y exactitud, aunque no sólo el carácter y la técnica son los determinantes de su difusión sino la enorme cantidad de obras que se realizaron en ese período. Rembrandt es un ejemplo de esa fertilidad. Muchos pintores se especializaron en un determinado estilo, bodegones, paisajes, vistas de una ciudad, retratos, escenas de la vida diaria social y familiar. Este último género alcanzó una gran popularidad en el siglo de oro holandés. Artistas como Jan Steen pintaron escenas de la vida del hombre corriente en alegres y sencillas representaciones como fiestas campesinas, escenas caseras y familiares. Obras que dan una imagen realista de la vida, pero que también encierran una crítica sobre las reglas de comportamiento y los chiflados que no hacen caso de ellas.

La vida en el siglo XVII no parece que haya sido aburrida. Tanta prosperidad, tanta riqueza tuvo como resultado una vida más alegre de fiestas y celebraciones, que les dió la reputación de saber festejar y beber como nadie. El museo Frans Hals en Haarlem nos invita a acercarnos, de una manera divertida, a ese tiempo a través de unas cincuenta telas que forman la exposición El siglo de oro celebra fiesta. Desde los burgueses acomodados hasta los campesinos más pobres, todos celebraban esa época de bienestar y desarrollo. Las clases altas querían, junto a sus raíces calvinistas, presumir de sus riquezas y encargaban retratos que los representaran con fastuosidad y poder. El caballero sonriente es un precioso retrato del pintor Frans Hals; aunque su postura es seria y distinguida, la sonrisa del caballero suaviza su condición.

Junto a imágenes elegantes de fiestas en jardines, reuniones musicales y banquetes están las escenas de bailoteo, de beber y de vociferar de la clase más popular de la población; reuniones en el entorno familiar, festines, ferias, carnavales, escenas en los mesones, ebrios campesinos con los pantalones sin abrochar que bailan con los brazos en el aire, otros tirados por los suelos con la ropa en desorden, damas danzando con elegancia, aristócratas en históricos trajes. Mary Stuart, princesa de Orange, está retratada para asistir a una baile de máscaras como una princesa india del Amazona, con un manto de plumas de ibis, perlas y un turbante de grandes plumas y piedras preciosas; un jóven negro a su lado le da un tinte exótico a esta mascarada. Interesante contraste en un país en plena fiebre calvinista.

No son de extrañar estos disfraces. En realidad en todas estas obras se muestra una doble moral. De un lado el distanciamiento de las clases altas de los comportamientos pueblerinos y groseros y al mismo tiempo la envidia hacia la libertad y los excesos con que la clase baja podía comportarse en fiestas y celebraciones. Aquel que quiere burlar las reglas tendrá que hacerse pasar por un labrador y mezclarse con el pueblo. En Pareja bailando de Jan Steen vemos al poeta Lucas Rotgans, Amsterdam 1625-1679, en una fiesta campesina; su pareja es la hija de un regente. Ambos están vestidos de labriegos y hacen como si no se conocieran. Jan Steen, Richard Brakenburgh, Frans en Dirck Hals, Jan Molenaer, Cornelis Dusant, muestran en sus pinturas el jolgorio y lo descarado de esas fiestas; en los detalles encontramos la diversión.

Ya cuando nuestros cuerpos empiezan sentir el cansancio de tantos festejos nos encontramos con los restos de un lujoso banquete. Sobre el mantel varios candelabros de plata, vasos a medio llenar, garrafas de vino, jarras volcadas, bandejas de cristal con algunos trozos de pan, queso, ostras. Hay fruta esparcida por la mesa y servilletas arrugadas y en el suelo algunos cubiertos que quedaron caídos. Los oficiales de la Compañía de San Jorge acaban de dar buena cuenta a este opíparo almuerzo.

La exposición deja ver otro lado de la Holanda trabajadora del siglo XVII, la cara alegre, la gente que va de fiesta y que además se desenfrena. Pero esto lleva a un montón de excesos que también tienen su lugar en las telas, como son ligar, bailar, beber y vomitar. En realidad algo que es de todos los tiempos.

Publicado en el mes de febrero de Alenarte:

jueves, 26 de enero de 2012

Conociendo China


El siglo de oro en China


en http://alenarterevista.net/


Unas cuantas granjas y un convento de religiosas de la Orden del Cister, eso fue en el siglo XIII el origen de Assen, en el norte de los Países Bajos. Hoy es la capital de la provincia de Drenthe, pero quizás nadie habría oído hablar de ella si no fuera conocida por ser el lugar donde se celebra el Gran Premio de Holanda de motociclismo. El Circuito de Assen, que también recibe el nombre de Catedral del Motociclismo, fue inaugurado en 1955 aunque la primera carrera ya se efectuó en 1925 sobre carreteras cercanas. El motociclismo no es un deporte al que yo tenga afición. No entiendo de modalidades, ni tampoco de categorías ni de cilindradas, y, a pesar de que la velocidad puede ser emocionante, no es eso lo que me atrae hoy hasta aquí.


Assen tiene el carácter tradicional holandés de una pequeña ciudad de provincia. Las calles son tranquilas y ordenadas. Hay tiendas y cafeterías, edificios nuevos junto a los de más tradición, algunos canales, puentes, plazas, y naturalmente bicicletas. Pero lo que realmente es el símbolo de Assen desde hace más de un siglo es su museo, uno de los más antiguos de Holanda, situado en el lugar que ocupó el antiguo convento cisterciense que anteriormente nombré. Después de una gran reforma y la construcción de nuevas salas, ha sido abierto de nuevo al público en el pasado mes de noviembre por la reina de Holanda, Beatrix. En este moderno entorno se presenta la exposición El siglo de oro en China, tesoros de la dinastía Tang, 618-907 dC


Alrededor de ciento cincuenta objetos en cerámica, plata, oro, cobre y piedra entre otros materiales, muestran la profesionalidad y la capacidad desarrollada en esos tres siglos, tiempo de florecimiento de la cultura china. Hay extraordinarias imágenes esmaltadas en ricos y brillantes colores de hombres y bellas damas de delicadas formas, músicos a caballo, camellos con equipaje, pinturas murales que muestran el ambiente de la vida en la Corte china, joyas y objetos de uso diario. Todo lo que está expuesto da muestra de la actividad de una gran ciudad.


Chang`an, hoy día Xi`an, estaba situada en la Ruta de la seda, que recorría el país como una arteria de cultura, religión y comercio. Mercaderes y comerciantes llegaban a China desde todas partes del mundo de entonces. Era la capital asiática más grande de la época y llegó a contar con más de un millón de habitantes. El período durante la dinastía Tang, que alcanza desde el año 618 al 907 dC, está considerado como uno de los momentos cumbres en la civilización china, obteniendo cultural, social y económicamente el más alto nivel. Tiempo de grandes emperadores, entre ellos una mujer, la más poderosa de su época, Wu Zestian 690-795, concubina desde que tenía 12 años del emperador Taizong y que llegó a ocupar oficialmente el trono del dragón. También fue uno de los personajes más despiadados; no evitó muertes, conspiraciones, policía secreta y manipulación.


La impresión con bloques de madera impregnados de tinta en este período es uno de los grandes descubrimiento de la antiguedad. De esta manera se podían conseguir innumerables copias. Así se distribuyeron muchos escritos budistas y trabajos clásicos chinos que aún se leen. Lo espiritual y lo cultural, hermanados, alcanzaron un gran desarrollo.


La poesía también tuvo su edad dorada durante la dinastía Tang. Poetas como Wang Wei o Li Po se dejaron inspirar por los sentimientos y la naturaleza. Del poeta He Zhizhang son los siguientes versos:


Tus troncos son verdes jades tallados.
De tus ramas cuelgan miles de cintas de seda.
¿Quién ha confeccionado estas hojas tan preciosas?
Las tijeras del céfiro primaveral de febrero.


Leyendo este poema me parece estar delante de un óleo; la palabra es el pincel que deja una estela de sentimientos y sensaciones sobre el lienzo.


La dinastía Tang empezó a perder prestigio en la primera mitad del siglo IX y una serie de revueltas y adversidades económicas resultó ser el comienzo de su desintegración.


Hasta el 15 de abril próximo, fecha en la que termina la exposición, el museo nos acerca al siglo de oro de una civilización que sorprende y que sin duda era muy superior a los países del Oeste. Ahora y hasta la primavera en el centro de Assen, columnas, luces, farolillos, adornos en los escaparates y signos en el idioma mandarín, alegran las calles de la ciudad y ponen color y un acento oriental en el ambiente de esta ciudad holandesa.



http://www.youtube.com/watch?v=WodoETXFgE8
http://www.degoudeneeuwvanchina.be/


miércoles, 11 de enero de 2012

Tres artistas españoles en Scheveningen

Andreu Alfaro





Arte



Cuando el
Espíritu
Se desvanece
Aparece
La
Forma.
(Charles Bukowski 1920-1994)



Cerca de La Haya, en los Países Bajos, existe un lugar que fue un pueblecito de pescadores con el difícil nombre de Scheveningen. A mitad del siglo XVIII se instaló cerca del mar una casa de baños, donde el público podía discretamente hacer uso de bañeras con instalaciones de agua fría y caliente. El interés por el aire puro y los baños de mar que empezaban a estar de moda le dieron un enorme éxito, hasta que con la llegada de principios del siglo pasado y las preferencias por los balnearios, comenzaron a construirse grandes y elegantes hoteles y un amplio paseo marítimo, convirtiéndose así en la playa de moda.

Esta costa del Mar del Norte ha estado dominada en el pasado por grandes mareas que cambiaban su fisionomía y se llevaban parte de lo construido. Además, durante la II Guerra Mundial la zona costera sirvió como línea de defensa para los alemanes. Gran parte del balneario y del antiguo pueblo quedaron en ruinas. El ejército invasor cavó trincheras y galerías de protección, las calles perdieron el pavimento y a lo largo de la costa se construyó un muro de cemento para detener el avance de los tanques aliados; esto explica las nuevas edificaciones de después de la guerra.

También de este tiempo, muy cerca de la playa y formando una unidad con las dunas en el paisaje, es el museo Beelden aan Zee. En realidad es un anexo construido al Paviljoen Von Wierd, un pabellón real de verano de 1827. En los años siguientes sufrió varias reformas, hasta que en 1994 quedó instalado el museo. Con la condición impuesta por el ayuntamiento de no ser visible por encima de las dunas, es en gran parte subterráneo, con terrazas que tampoco son visibles desde la playa ni desde el paseo marítimo. No es de extrañar que se necesite tiempo para encontrar la entrada. Sin embargo, hay mucha luz en el museo por los muchos orificios distribuidos en el techo. Beelden aan Zee es un museo dedicado exclusivamente al arte escultórico, en especial la escultura moderna internacional. La colección fue fundada por el matrimonio Theo y Lida Scholten que en 1969 compró la primera obra. Hoy día abarca unas mil esculturas, la mayoría de la segunda mitad del siglo veinte.

Hasta el 29 de enero próximo el museo expone una selección de estas obras. Hay grandes y pequeñas esculturas hechas por conocidos y desconocidos escultores de todo el mundo y realizadas con los más diferentes materiales. El hombre -la imagen del hombre- es el tema central en la exposición, que nos muestra lo divertido que es coleccionar y lo mejor del arte escultórico moderno. Obras de Armando, Stephan Balkenhof, Toni Benetton, César Baldaccini, Sorel Etrog, Mimmo Paladino, Marc Quinn, Ossip Zadkine y los hermanos Shan Zhou y Huang Zhou -entre otros- están catalogadas en cuatro temas; icono, como motivo de inspiración, fragmento, una colección de partes del cuerpo humano, material, la diversidad del material empleado, y por último la forma, que es también un criterio para la colección.

La mención especial la reservo para la presencia española en el museo. Andreu Alfaro, valenciano, escultor autodidacta. Viajó a la exposición de Arte Moderno en Bruselas y París en los años cincuenta y se sintió atraído por el vanguardismo. Después de esto hace sus primeros guaches abtractos y esculturas de alambre y aluminio. Su obra Bailarina II en hierro, dos líneas que parecen danzar en el aire tanto horizontal como vertical, representa la figura de una mujer entregada a la danza; consigue una realista y dinámica interpretación del movimiento y la elegancia. Es una de las obras expuestas que más llamó mi atención. Venancio Blanco, de Salamanca, con Segador, una escultura en bronce muy expresiva. Se da la curiosidad de que esta relativamente pequeña figura, es la primera obra que el matrimonio Scholten compró para comenzar su colección. Parece estar hecha de recortadas piezas. Otra escultura de mi predilección.

Por último, el tercero de los escultores españoles, Jaume Plensa, barcelonés, conocido por sus monumentales esculturas de hierro. Otros materiales que usa son restos metálicos, cristal, alabastro, poliéster, cemento, luz y sonido. La obra, un busto titulado Home, hierro y poliéster, muestra en el gesto de la cabeza y de la mano lo dramático de la existencia humana. Las curvas e irregularidades del material dan tambien expresividad a la figura. Jaume Plensa muestra aquí que el hierro se presta de una manera excelente para conseguir las formas humanas.

En el siglo XVI, Giorgio Vasari, -arquitecto y pintor, pero más conocido por su literatura- escribió: el escultor saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista. Exactamente eso han hecho los artistas que hoy visito en el museo; han moldeado lo primitivo del material hasta conseguir darle forma, utilizando diferentes técnicas, materiales y métodos como lenguaje para conectar con el público. Las superficies, los perfiles, los valores táctiles, el color, el acabado, nos transmiten sensaciones y piden comprensión. Este es el proceso creativo que conocemos con el nombre de Arte.




(publicado en el mes de diciembre en: http://alenarterevista.net/)

miércoles, 4 de enero de 2012

Mi lista de deseos

Fray Angélico, Adoration



En noches como ésta
le pido al año un tránsito sin resistencia
acompañado de burbujas de diáfano color.
Le pido al año ternuras fértiles,
un lenguaje estratégico y no sujeto a tributos ni a modas,
que sepa cómo pagar la deuda de los silencios y de las horas sin dormir.
Le pido que quiebre la melancolia,
y la transforme en sonrisas con rapidez,
que haga llorar al miedo
y a los futuros comprometidos,
que narre fantásticos cuentos con un lenguaje obediente,
-solidario con gramáticas y diccionarios-
que no exija fronteras y calme el eco amenazador,
que haga héroes a los niños,
que trueque sueños en regalos
envueltos en cintas de seda y papel de celofán.
Pido que me proteja de aves oportunistas
-tramposos pájaros de corral-
fantasmas de diseño pálido y estructura que se resiste
entre las líneas trazadas en una hoja de papel.

En noches como ésta seguiré pidíendo al año:
que haga de las estrellas espejos,
un Camino para andar,
pediré lencería en seda roja,
una carícia, un temblor,
que vista de azules mi desnudez,
un puñado de palabras, voces, sonidos, ecos que perduren,
música para acicalar los días,
lunas, nubes, momentos, letras para escribir,
magia para hacer verdad todos los destinos,
y gaviotas que recuerden el aire sobre mi piel.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El año que siempre llega

Felíz 2012




Vuelve entre delirios de relojes y arrepentimientos. Tan atractivo como todo lo nuevo, sus promesas de una distinta fortuna me retienen con palabras de felicidad y éxito; todo un brindis que me seduce. Sensaciones que me acercan al pálpito de las mejores cosas que yo busco con empeño. Aunque no tengo prisas, es él quien me impone su presencia en noches compartidas con imágenes de cambios y diáfanos amaneceres, pasión in crescendo hasta un futuro que tendrá una conjugación perfecta, un carpe diem tan deseado siempre, una constante hacia lo eterno, que me olvido de estos días blancos en los que necesariamente tengo que dejar huellas. Tránsito que se insinúa con la impronta de los meses y la evidencia tenaz de lo distinto. Cuando se acabe su estímulo me arroparé en trémulos reproches, y él volverá de nuevo a robarme el espacio con la esencia de un declive armónico y sincronizado. Su tiempo se hará entonces pretérito.