Francis Millet

Francis Millet

lunes, 21 de mayo de 2012

De paraísos y paisajes, de Brueghel a Gauguin


El jardín del Edén




Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898)



Estos versos forman parte del poema Ciudad del Paraíso, de Vicente Aleixandre, uno de los 52 poemas publicados en el libro Sombra del Paraíso, dedicado a la ciudad de Málaga. Aunque había nacido en Sevilla y vivió en Madrid, sus recuerdos están ligados a la ciudad malagueña donde pasó su infancia. La influencia de los paisajes andaluces del Mediterráneo se deja sentir en su lenguaje poético que alcanza en esta obra el momento más alto. Según el propio poeta este libro no hubiera existido tal como es sin los recuerdos, sin la luz y sin los paisajes de esta ciudad.


Todo conduce necesariamente al paisaje es una frase del pintor alemán Otto Runge, que aunque murió a los 33 años apenas comenzado el siglo XIX, está considerado como uno de los mejores pintores románticos de su país. Sin embargo, el arte de la pintura de los paisajes y de la naturaleza no ha sido tema exclusivo de ese siglo. Sabemos que fueron los artistas chinos los primeros en descubrirlo y tratarlo como tema pictórico. Considerado en la Edad Media y en el Renacimiento como una obra divina, este género fue poco a poco adquiriendo un lugar preferente en la pintura, pasando de ser fondo de lienzo hasta alcanzar el lugar preferente de la obra, bien con carácter real o como imagen de sueños, mitos y paraísos.


Precisamente este carácter idílico es lo que nos muestra la exposición Paraísos y Paisajes, en el museo Carmen Thyssen en Málaga; un recorrido desde el siglo XVII hasta el XX. La primera de las 46 obras expuestas es una tabla de Jan Brueghel el Viejo, El jardín del Edén.  Representa un pasaje de la Biblia, el pecado original. Sin embargo, aquí los protagonistas son los animales exóticos dibujados minuciosamente y rodeados de una naturaleza de belleza especial y exuberante. En un segundo plano, apenas divisamos a Adán y Eva a punto de perder este paraíso que hasta este momento habían compartido en plena armonía con todos los seres de la Creación.



¡Paraíso perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.
Rafael Alberti



Paisaje fluvial


Durante cierto tiempo seguirá existiendo una especie de nostalgia hacia esos parajes perdidos. Pintado en 1762 es Paisaje fluvial con templo antiguo, de François Boucher. No es un lugar real sino un paisaje imaginario en el que aparecen un templo clásico, un puentecito de piedra, un bosquecillo, arbustos, ovejas, un riachuelo, nubes y una luz brillante que ilumina ciertas zonas de la composición. Un hombre y una mujer en la parte central intensifican lo teatral. Con estas escenas el artista reflejaba su noción ideal del mundo, un universo de ensueño cuya finalidad era ofrecer al espectador una experiencia sensorial alejada de la realidad.


Dice el refrán que el invierno no ha pasado mientras abril no ha terminado. Esto parece cierto esta mañana fría de abril en Málaga, a la que no estamos acostumbrados. Sin embargo, dentro del museo lo cálido lo transmiten los paisajes, las obras de paisajistas norteamericanos del siglo XIX. Entre ellos están, atraídos también por el exotismo de los países tropicales de América del Sur, Edwin Church, Martín Johnson Heade, Georges Inness, sin olvidar a Albert Bierstadt con Las cataratas de San Antonio, con fuerte influencia del romanticismo alemán, para mí uno de los cuadros que más me han impresionado y en el que veo la grandeza de la naturaleza frente a la soledad del hombre, que él pintó en toda su belleza primitiva siguiendo las normas del paisajismo tradicional.


Las cataratas de San Antonio


Todo en la naturaleza contiene todos los poderes de la naturaleza.
Todo está hecho de sustancia oculta.
Ralph Waldo Emerson



La pintura de paisajes tiene en el siglo XIX su momento culminante. También para los pintores españoles es este un momento crucial para fijarse en lo real. Se alejan del dramatismo y escogen la imagen de una naturaleza más natural y delicada. Destaca en ello Carlos de Haes, belga de nacimiento pero vivió y murió en España. Paisaje con una vacada en el río es un lienzo bello; un paisaje en la luz suave del atardecer que transmite tranquilidad y sosiego; el cielo, los colores y los animales no han escapado a la observación del pintor. Otra obra para admirar es Un paseo por el río, de Emilio Sanchez-Perrier. El artista nos presenta aquí una naturaleza jóven que, con el frescor verde de la primavera y el agua en reposo, te da sensación de calma. Una barca amarrada cerca de la orilla donde espera una familia campesina completa el paisaje de una manera natural.


El arte de la pintura en Francia va a sufrir una gran transformación en la segunda mitad del siglo XIX de la mano de unos revolucionarios, los impresionistas. Al buscar un lugar idóneo para pintar la naturaleza en toda su veracidad, salen, por primera vez en la historia, a pintar au plein air, al aire libre, y captar así el paisaje en su luz natural. El museo expone obras de algunos de estos artistas, como Pissarro, Renoir y Gauguin. Campo de coles, de Pissarro, me inspira melancolía, como si el aire estuviera quieto y nada más fuera importante; también la luz se mantiene callada. Ocurre lo contrario con Campo de trigo, de Renoir, que es todo movimiento y viveza. Gauguin buscó la naturaleza en un lugar más lejano; sus paisajes armonizan con sus propios sentimientos.


La exposición toma un carácter internacional con obras de Edvard Munch, que no abandonó el simbolismo y Wilhelm Trübner que junto con los norteamericanos como Henry Potthast y John Singer Sargent entre otros, están cerca de la naturaleza con una relación más libre. Con la obra  Daylesford de Michael Andrews, ya en pleno siglo XX, se completa la exposición que el museo te invita a conocer hasta el 7 de octubre, peregrinando por espacios y paisajes idílicos, sencillos, serenos o armoniosos. No hay ninguna duda que Málaga es en estos días la ciudad del paraíso.



Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida
en la que encarnizadamente revivo
y de la que sé con estricta nostalgia
el número y el nombre de sus setenta árboles.

Mario Benedetti.

Fuente consultada: catálogo de la exposición

Publicado en la Revista Alenarte.

3 comentarios:

Malvís dijo...

¿ No te recuerdan, Pilar, temas y paisajes como los tratados por Poussin, Brill y Claudio de Lorena?

Saludos. ¡ Quien pudiera estar en Málaga¡

ANTONIO CAMPILLO dijo...

¡Qué delicia leerte, Pilar!
Tu siempre maravillosa prosa, tu saber y documentación, tu relacionar entre estilos, pintores y etapas aparentemente diferentes y esa visión magistral de amplitud, de mente abierta, de hechos y momentos que poseen una conjunción espacio-temporal, son tan satisfactorios que cuando te leo me erizo de satisfacción.
Todavía no he podido ver el museo de la baronesa de Málaga. A pesar de ello, en estas semanas he visitado tres veces el de Madrid. Siempre lo hago con los tres: Prado, Thyssen y Reina Sofía, más sus exposiciones temporales. Me falta algo si no lo hago. Prometido hacer mis deberes en Málaga.
Excepcional tu artículo, Pilat.

Un fuerte abrazo, querida Pilar.

fgiucich dijo...

Un texto brillante y qué buenas pinturas!!! Abrazos.