Gijsbrecht Leylens

miércoles, 17 de abril de 2013

Los inocentes



Alrededor de diez millones de niños han perdido la vida en estos últimos diez años en guerras y otros conflictos armados. Sólo en Siria son ya unos 4.500 menores de 16 años que han fallecido a consecuencia de las luchas que asolan su país. Todo esto sin contar los miles de heridos o que han quedado inválidos y los que, por la falta de alimentos y atención médica en los campos de refugiados, no sobreviven.

La muerte y el maltrato infantil están presente siempre en todos los tiempos. Ya en la antigüedad los niños fueron víctima de rituales y de sacrificios religiosos. En la mitología griega, Saturno devora a su hijo, y Medea mata a los dos suyos para vengarse de Jasón. En la Biblia también se mencionan diversos sacrificios en cumplimiento de órdenes divinas. Abraham obedece el mandato de Dios, que le exige la vida de su hijo Isaac, y Jefté, que ofrece el sacrificio de la primera persona que le recibe a las puertas de su casa si sale victorioso de su batalla contra los amonitas, y que resultó ser su hija. En ambos casos el sacrificio no exigió derramamiento de sangre, pero, qué pensar de lo que nos cuenta Plutarco sobre la antigua Grecia, donde arrojaban a los niños a un barranco para comprobar su fortaleza, o del faraón que ordenó la matanza de los varones hebreos recien nacidos, por temor a que su pueblo se extendiera demasiado.

Muchos son los artistas de la pintura que escogen este tema para llevarlo a sus telas. Uno de los cuadros que más te acerca esta violencia es La matanza de los inocentes, de Cornelis van Haarlem, llamado también el Miguel Ángel de Los Países Bajos. Un pintor que hizo furor en el siglo XVI por el dramatismo que plasmaba en sus pinturas históricas. Había nacido en 1573, en una Haarlem que estaba en manos españolas después de un sangriento y agotador asedio. Cornelis pintó este cuadro en 1591 por encargo del ayuntamiento de la ciudad. Estaba destinado a ser el panel central de un tríptico. Los dos paneles exteriores habían sido ya realizados en 1564 por Maerten van Heemkerck. Observar de cerca esta obra es toda una experiencia que exige tiempo.

En la historia del arte, el infanticidio de Belén por orden del rey Herodes, con madres desesperadas y niños que han perdido brazos, piernas e incluso cabezas, y otras crueldades, ha sido pintado con frecuencia. En la obra de Cornelis van Haarlem el pintor va más allá de la simple narración. Lo que el artista nos quiere hacer ver es el buen dominio de las figuras, su maestría, al reflejar el cuerpo humano en sus cuadros. Nada mejor para mostrarnos esto es presentar las imágenes desnudas, en poses expresivas y con especial atención a lo anatómico. Los cuerpos, girados y retorcidos, sus diversas formas y movimientos, están dotados de un extremo dramatísmo y vehemencia. El fondo, paisaje y arquitectura, tiene mucho de amenazador.

La matanza de los inocentes, es un óleo sobre tela de 268 x 257 cms. Lo que vemos en él son fuertes y musculosos soldados afanados en cumplir la órden del rey de matar a todos los niños menores de dos años. Al mismo tiempo tienen que librarse del ataque de las madres que, golpeadas y pisoteadas, luchan con todas sus fuerzas tratando de arrancarlos de las manos de los verdugos. La escena es de una extraordinaria crueldad. En realidad, este cuadro que es del primer periodo de su obra, tiene todas las características del manierismo, por lo exagerado de los cuerpos, lo dramático de las expresiones y lo turbulento de la composición.

Sin embargo, el pintor parece haber obrado de una manera bastante civilizada y, a pesar de toda la agresividad que se observa en la obra, no encontramos restos de sangre ni miembros descuartizados. También podemos hablar de un cierto orden ya que aunque soldados, madres y niños están entremezclados, no es una masa sin formas, sino que cada figura ocupa su lugar y tiene su identidad. Posiblemente el panel central original de este tríptico, que con seguridad fue destruido durante el movimiento iconoclasta, tenía una composición totalmente diferente. Colgaba en el Prinsenhof de Haarlem, lugar de residencia del gobernador cuando visitaba la ciudad. Para completar estos dos paneles que quedaron se le dió el encargo a Cornelis van Haarlem. Hay quien se pregunta cómo se pensó en escoger una escena tan violenta para un lugar oficial. Según Henk van Os, antiguo director del Rijksmuseum en Amsterdam, fue una advertencia del pueblo de Haarlem al gobernador, que aún tenía fresco en la memoria el asedio español: Gobernador, ten cuidado; no seas nunca un tirano como Herodes.

La obra de Cornelis van Haarlem no se limita a telas de grandes formatos y temas bíblicos. En el museo Frans Hals podemos ver un óleo, El monje y la monja, conocido también con el nombre de El milagro de Haarlem. La leyenda cuenta la historia de una religiosa que fue acusada de estar embarazada. Para demostrar su inocencia se encargó a un monje franciscano pellizcar en el pecho de la religiosa con la intención de que saliera leche en el caso de ser culpable. La suerte estuvo al lado de la monja y de su pecho brotó vino, simbolizado por la copa de cristal en el cuadro. En cualquier caso no hay nada que avale este supuesto milagro. Curioso es que en el siglo XVI hay muchas pinturas con este mismo tema, religiosos y religiosas en situaciones picantes y comprometidas. Con toda seguridad era una sátira a las buenas costumbres y a la falta de castidad.

 

 

 
publicado en: http://alenarterevista.net/

 
 

 

domingo, 17 de marzo de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

Hoorn, ciudad encantada del siglo de oro


 

 

Hacía frío cuando llegamos a Hoorn, en la provincia Noord Holland. Enero ha sido un mes blanco y gris, de muñecos de nieve, de canales y estanques helados, de retrasos en los caminos y sobre todo de un fanatismo por patinar. Hoy, además, el viento estaba presente dándonos golpes y enredándose entre los pliegues de los abrigos. Quienes no parecían tener dificultad con él eran las gaviotas. Atrevidas todas ellas, planeaban por calles y plazas anunciando la proximidad del mar. Sus gritos y el sonido del viento rompían la ecuanimidad de la ciudad y le daban un pálpito que la hacía ser diferente. Sin duda el mar ha tenido siempre un papel principal en la historia de Hoorn. Su favorable situación geográfica junto a las aguas abiertas del IJsselmeer, que favorecía el comercio marítimo, hizo crecer la ciudad con uno de los más importantes puertos de Holanda en el siglo XVII.

Hoy día todavía se puede ver este prestigioso y rico pasado de Hoorn. Quien pasea por el centro histórico de la ciudad siente el ambiente del siglo XVII gracias a los cientos de monumentos y al bien conservado trazado de las calles que data del siglo XIII. Los nombres de las calles, las fachadas de piedra, almacenes de mercancias y edificios notables mantienen en vida el recuerdo de entonces, de un tiempo de abundancia y desmedido lujo, opíparas comidas y cenas regadas por los mejores vinos importados de Francia, Italia y Alemania. Esta es una imagen algo romántica de la época, pues no hay que olvidar que estas riquezas estaban en mano de una parte de la población y que el resto vivía de una manera sobria, apropiada al carácter ahorrativo y calvinista del holandés. En lugar de vino, se bebía cerveza muy suave, que tomaban adultos y niños al no ser el agua lo suficiente saludable. En total se contaban unos 280 litros por persona, cuatro veces más que lo que se bebe hoy.

No era todo oro en el siglo XVII en Holanda. En realidad la vida era dura para la clase necesitada. Muchos habitaban casas húmedas y oscuras. Trabajaban los siete días de la semana para ganar poco, incluso niños, sin apenas permitirse lo más necesario. Hacinamiento, enfermedades, mendicidad y la reanudación de la guerra contra la dominación española, castigaba a esa parte numerosa de la población, que vivía en la más absoluta pobreza. También en aquel tiempo llegaban inmigrantes atraídos por el brillo de las grandes ciudades. Una de estas personas fue Elsje Christiaens, de 18 años de edad. Llegó a Amsterdam desde Dinamarca buscando un futuro mejor, hasta que un succeso trágico cambió su suerte cuando llevaba apenas unas semanas en la ciudad y aún no había encontrado trabajo. En una discusión con la dueña de la habitación donde se hospedaba, que le reclamaba lo que le debía, golpeó a ésta en la cabeza con un hacha. Después de ser detenida, hubo un rápido juicio y Elsje fue condenada a morir en la horca. Las calles se llenaron para presenciar la ejecución de la sentencia. Este suceso no hubiera pasado a la historia sin el dibujo que Rembrandt nos dejó. Rembrandt ha dado a conocer toda clase de temas en sus pinturas. Desde representaciones bíblicas, paisajes, retratos, hasta escenas de la vida diaria que él recogía en sus paseos por la ciudad donde vivía, Amsterdam. Podemos decir con seguridad que presenció el ahorcamiento y allí mismo tomaría apuntes para su dibujo.

A pesar del frío y la nieve de este enero joven, nos hemos acercado a Hoorn para saber más de ese pasado que se cuida con tanto detalle, edificios y casas residenciales, pequeñas callejuelas, rincones especiales y, por supuesto, las nuevas tiendas, terrazas y cafés. En el mismo centro está el Westfries Museum, museo del Siglo de Oro. Este precioso edificio del año 1632 alberga una colección de 30.000 piezas, distribuídas entre las 27 salas del museo. De los objetos que se exponen en cada sala, se destaca uno con un significado especial en la historia. Así, en una vitrina del piso superior, se guarda una copa de plata valorada en un millón de euros, fabricada probablemente entre 1530 y 1540 en Amberes. Perteneció al admiral al servicio del ejército español, Maximilian de Hennin, Señor de Bossu, que fue hecho prisionero  en 1573 durante la batalla del Zuiderzee. Frente a la costa de Hoorn, el admiral perdió la flota, su espada, que también está en el museo, y la copa. Otra pieza que llama la atención por sus grandes medidas y gran expresividad, es el cuadro pintado por Johan de Baen en 1682, en la que aparecen alrededor de una mesa seis arrogantes caballeros, dirigentes de la Cámara de la Compañía de las Indias Orientales en Hoorn. La pintura resalta el poder y la posición social a través de la riqueza y lujo de los trajes, las espléndidas pelucas, los mapas e instrumentos de navegación, los planos de los fuertes. Todo demuestra que estos caballeros tenían el mundo a sus pies y ésto querían que todos lo vieran.



El museo tiene además exposiciones temporales. Chismorreo y cotillleo en el siglo de oro es una divertida y aclaratoria muestra que nos acerca a la cultura del chisme y la murmuración de nuestros antepasados en el siglo XVII. Se imprimían libros, panfletos, poemas, canciones, con picantes noticias y escándalos de conocidas e importantes personalidades de la sociedad. También en la pintura se toca este tema en el óleo de Nicolaes Maes, Los amantes espiados por una muchacha. Una jóven mira hacia el espectador. Con un dedo sobre los labios parece compartir un secreto pidiendo silencio. Al fondo de la imagen, una escena familiar alrededor de una mesa. Más a la derecha distinguimos una pareja en actitud cariñosa. Aparece también la imagen de Juno, la diosa del matrimonio. No sería extraño que todo este escenario sugiera la idea del adulterio. Después de ver todo lo expuesto se llega a la conclusión que en estos 400 años no ha cambiado nada.

Hay mucho más relacionado con la ciudad en el museo. Otro espacio del edificio alberga una colección de 36 delicados trabajos bordados por hijas de los regentes y de distinguidas familias. Estas labores, todas hechas en Hoorn, llevan bordadas también las fechas y los nombres de sus propietarias. De esta manera se ha podido saber quienes eran sus familias, en qué calle vivieron y cómo les fue en su vida. Es un capítulo más de la historia de Hoorn.

Después de casi tres horas de ver, sentir y casi palpar ese siglo de prosperidad y también penuria, dejamos el museo. A la salida tenemos un encuentro con todo el carácter de un epílogo. Frente al edifico, en el centro de la plaza Roode Steen, está la estatua de Jan Pietersz Coen, nacido en Hoorn en 1587. En el pedestal estaban grabadas estas palabras que él tenía como divisa, No desespere. No respete a sus enemigos, pues Dios está con nosotros. Fue comerciante, contable y finalmente gobernador general de todas las posesiones que tenía la Compañía de las Indias Orientales fuera de la República. Con su gran tenacidad, su talento organizador y su capacidad militar puso las bases del poder colonial en lo que sería las indias holandesas, hoy Indonesia. A pesar de todo esto, su agresiva forma de actuar y las duras y sangrientas medidas de castigo con los nativos de las islas para conseguir el monopolio en el mercado de las especias, no ha evitado que tiempo más tarde cayera de su pedestal, y son muchos los que, actualmente, piensan que no merece tanta distinción. Se ha llegado a un acuerdo modificando el texto. Jan Pietersz ha regresado a su sitio y ahora se lee, No desespere. Veinte siglos de historia de los holandeses. No sabremos cómo reaccionaría el gobernador general si viera su divisa cambiada.






 

 

martes, 12 de febrero de 2013

Al límite de lo imposible



 
 
 
Ningún gran artista ve las cosas como son en la realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista. (Oscar Wilde)

No hay duda de que el arte es una actividad del hombre. Con ella, además de mostrar habilidad y talento, transmite sentimientos, da forma a una idea o muestra su visión del mundo. De esta manera el arte es un medio de comunicación, lenguaje entre la obra y quien la observa. Cuando hablamos del arte pensamos en algo hermoso, que causa admiración e impresiona nuestro sentido estético. Es verdad que a través de los años el concepto de lo que es bello en una obra de arte ha sufrido diversos cambios. En la Grecia Clásica la belleza tenía como ideal las medidas y proporciones del cuerpo humano, la elegancia y esbeltez de las esculturas, el estilo de su arquitectura. En la Edad Media se destacaba lo espiritual y religioso. Hoy día el acento está en la variedad y en el carácter intelectual de la actividad artística. En algunos casos lo estético ha perdido el primer plano.

Sin embargo, lo que no es bello puede ser interesante, curioso y hasta divertido. En el Rijksmuseum Twenthe, en Enschede, se expone hasta el 24 de febrero la obra de nueve artistas, alumnos de la Academia de Arte AKI/ArtEZ, que emplean las nuevas tecnologías para producir arte. En lugar de la pintura, el pincel o el lápiz, estos artistas mediáticos, para dar forma a sus ideas y sentimientos, hacen uso de vídeos, cámaras fotográficas, ordenadores, televisión e internet, todo lo que va unido a un enchufe, según bromeaba en una entrevista el conservador del museo y profesor de la Academia, Pieter Baan Müller. Este arte surgió en los años sesenta con la llegada de la cámara de vídeo y la televisión. Uno de los primeros en manipular imágenes de la televisión en Holanda para crear vídeos abstractos fue Livinus van de Bundt, nacido en La Haya en 1909, pintor, grabador y dibujante. Experimentaba con fuentes de luces y sensibles materiales transmisores de luz, y se nombraba a sí mismo el artista de la luz.

El nombre de la exposición, Jugar al límite de lo imposible, ya nos dice que lo que vamos a ver no es que el artista haga uso de un medio tecnológico sino que va más allá, lo indaga, emprende la aventura y reconoce los límites del medio y los traspasa. En realidad juega con él. Esto es lo que podemos observar en el museo. El artista tiene una idea y la desarrolla, pero también se puede decir que tiene una idea, se ocupa de ella y a ver qué es lo que pasa. Un ejemplo lo tenemos en la manera de trabajar de Jan Mensen con el ordenador. Pasando imágenes digitales de un programa a otro y de éste vuelve otra vez de nuevo al principio, aparecen fallos que van cambiando la imagen original. Este es el juego de Jan Mensen, que manipula los medios hasta saber donde tiene que llegar para que la imagen se haga irreconocible. En el caso de Karin Westendorp, su trabajo es un proceso de investigación y ensayo. El vídeo que nos muestra el museo es el resultado de proyectar sobre animales, en lugar de sobre una pantalla, lo que había grabado anteriormente. El efecto es asombroso.

Los artistas son siempre los primeros que adaptan las nuevas tecnologías a sus obras. Ya en el siglo XVI lo hizo Alberto Durero utilizando la máquina de imprimir para llevar al papel sus grabados de madera y difundirlas por toda Europa. Con seguridad es uno de los primeros artistas que hizo uso de los medios modernos de entonces. Más cercano a nosotros están el Dadaísmo y el Pop Art. También aquí hay una inclinación hacia los nuevos adelantos en la tecnología, como es fotomontaje, collage y performance.

La exposición ha sido un descubrimiento. Ciertas cosas me divirtieron, otras despertaron mi curiosidad y el asombro. En esta exposición hay una cierta complicidad entre el público y el artista que presenta sus trabajos de una forma cercana, sin impuestas distancias. Es más, te invita a hacer uso de tus sentidos para conocerlas. La obra de Kees Aafjes, Amsterdam 1962, La mosca española, una maqueta en poliéster, cobre y electrónica, pide a todo el que se acerca a ella a acariciarla, y para que no pases de largo te habla en su idioma, caramba, más por favor, me gusta, delicioso. Ante tanta súplica no tienes otra opción que obedecer y ya no te parece un insecto tan frío y desagradable. Patricia Paludanus, también alumna de la Academia, nos deja manipular su trabajo, unos trazos grabados en láminas de plexiglás. Girando la manivela de los armarios donde se encuentran expuestos podemos variar la influencia de la luz que dará paso a nuevas formas en las láminas.

Hay más. Objetos en movimiento, ordenadores que siguen su propia dirección, esculturas de luz, vídeos sensibles al sonido y que reaccionan cuando te interpones entre ellos y lo que proyectan sin que haya nada para impedirlo. La exposición me ha reconciliado con este arte que hasta ahora sentía distante y sin el atractivo suficiente como para volver. Ahora veo claro su finalidad, la comunicación interactiva entre el público y la obra. Es el comienzo de nuevas posibilidades.






sábado, 2 de febrero de 2013

Todo arte tiene su propio idioma




 
En el Rijksmuseum de Amsterdam descubrí hace algún tiempo un cuadro que me desconcertó y que no llegué completamente a descifrar. Es una obra de Lucio Fontana (nacido en Argentina 1899) una tela pintada en un perfecto blanco, tratada casi con ternura. Este paisaje idílico está roto por una serie de tajos que interrumpen su continuedad con un cierto aire desolado y triste. Esto tiene la función de atraer la atención al cuadro que mantiene un distinguido silencio, quizás por no tener nada que decir.

 Sin embargo, todo lo contrario es la verdad. Si observamos bien la obra, ésta nos habla del contraste entre lo cuidadosamente que está tratada la tela, a pesar de la minimalista manera de trabajar del artista,  y la agresión y la fuerza de los cortes en su superficie, que parecen estar hechos en un momento repentino y sin pensar. Un compromiso entre el tiempo y el espacio, lo rápido de lo que parece ser la acción y la superficie que la sufre. Concepto espacial, nombre de ésta y otras de las obras de Lucio Fontana, es portadora del pensamiento creador del artista. Otro  de los trabajos de Fontana en el museo, es una tela que muestra una serie de filas verticales de agujeros alineados y otra con trocitos de cristal de color rojo. Aquí el protagonismo está en la composición, la materialidad de la tela, lo simétrico de los agujeros y los cristales. 

 Además de pintor, Lucio Fontana era también escultor y ceramista. En el Kröller-Müller Museum  en Otterlo (Holanda) se encuentran cinco de sus esculturas esféricas. Están esculpidas en bronce y situadas en el jardín del museo. En su superficie ha tallado grietas y boquetes; estas aberturas, talladas de una manera muy refinada, cambian con la luz que reciben en el exterior, creando la sensación de sombras y relieves.

 En muchas ocasiones el arte moderno no tiene mucho que contarme. Pero después de haber tenido la posibilidad de visitar algunas exposiciones de este género, he comprendido que la solución para entender su lenguaje está en dedicar más tiempo a observar la obra; así tendremos la posibilidad de sentir la intención de su creador al mismo tiempo que nos hablará su historia. Por lo menos en más ocasiones.
 

martes, 15 de enero de 2013

En cada latido del corazón



En cada latido del corazón nacen las palabras.
Esperan el momento de llenar silencios,
danzando sobre blanca superficie de papel,
La voz las dotará de un alma vestida de deseos
y entre murmullos se lanzarán al aire en un estallido sonoro…

 

lunes, 7 de enero de 2013

Rafael en Holanda

Diciembre  http://alenarterevista.net/
 
 
Rafael en Holanda

 

*Aquí yace aquel famoso Rafael del cual la naturaleza temió ser conquistada mientras él vivió, y cuando murió, creyó morir juntos.

Pietro Bembo, en el sarcófago de mármol de Rafael en el Panteón de Roma

 
Con toda seguridad se puede decir que no se conoce a fondo la obra de Rafael hasta que se visita el Palacio Apostólico en la ciudad del Vaticano. Cuatro de las habitaciones del palacio, nombradas Estancias de Rafael, están decoradas con frescos de este pintor renacentista italiano. Estos cuatro salones habían sido ocupados anteriormente por el Papa Borgia, Alejandro VI. Estaban entonces decorados con frescos de Perugino, Bramantino y Lorenzo Lotto, entre otros artistas. Al parecer, estas pinturas no fueron del agrado del nuevo Papa Julio II, que tuvo empeño en borrar cualquier huella de los Borgia. Elegido Papa en 1503 y conocido también como el Papa guerrero por sus actividades políticas y militares, ordenó, sin darse a consideraciones, raspar todas las pinturas existentes en los muros de las estancias y decorarlas de nuevo. Fue un gran mecena a pesar de todo; bajo su mandato se inicia la construcción de la Basílica de San Pedro.

 
Rafael Sanzio había comenzado su aprendizaje en Perugia en el taller de Pietro di Cristoforo Vanucci, apodado el Perugino, hasta que se traslada a Florencia, donde conoce la obra de Leonardo da Vinci y otros artistas italianos que dejarán huellas en él. Cuando Rafael llega a Roma tenía 25 años. En aquellos momentos otro grande del Renacimiento, Miguel Ángel, trabajaba ya en los frescos para la Capilla Sixtina. Ellos tres pasarán a la historia como los maestros del Renacimiento italiano, y aunque Rafael sentía la influencia de estos dos pintores y los admiraba, supo usar el talento para desarrollar el estilo propio que observamos en sus frescos y en sus delicadas madonas, dotadas de una gran ternura e intimidad.

 
Importante también en su obra son los grabados y dibujos; tenían una función directa como bocetos en su proceso de trabajo, tal como era costumbre en los artistas italianos del siglo XVI. Es más, en el caso de Rafael, si no hay un enlace a una de sus obras, pueden existir dudas de la autoría del dibujo. Cuarenta y cinco de ellos se encuentran en el museo Albertina, en Viena. Este museo posee la mayor y más importante colección de dibujos y grabados del mundo. El museo Tayler, en Haarlem, en colaboración con La Albertina, ha organizado esta exposición, la primera en Holanda, que estará abierta al público hasta el 6 de enero. Se exponen cuarenta dibujos y dos pinturas y cincuenta dibujos de alumnos y seguidores de Rafael. Frágil tesoro que no está a la vista del público con frecuencia y que se mantiene con todo cuidado preservado de cualquier contratiempo.

 
Desde Deventer hasta Haarlem se necesitan casi dos horas para hacer el recorrido en tren. Nadie lo diría en un país tan pequeño, pero el tiempo lo doy por bien empleado pues Haarlem es para mí la ciudad del arte, una de mis preferidas en Holanda. El museo Teyler es el más antiguo de Holanda, el único con un auténtico edificio e interior del siglo XVIII. Fue el domicilio de Pieter Teyler van der Hulst, nacido en 1703, banquero y rico comerciente en telas, interesado en el arte y las ciencias a las que dejó toda su fortuna. El museo es uno de los cien monumentos del estado en Haarlem y candidato en la lista del Patrimonio de la Unesco, una verdadera maravilla en todos los sentidos.

 
En Holanda se encuentran catorce dibujos de Rafael; doce de ellos pertenecen al museo Teyler. Formaban parte de los 1700 dibujos de maestros italianos que la Fundación Teyler compró en 1790 a la reina Cristina de Suecia, ferviente admiradora del artista. El trabajo artístico del pintor está considerado como una extrema belleza y perfección. Los trazos ágiles, los detalles, su acabado, nos dan la sensación de que han sido efectuados sin demasiado esfuerzo. Sin embargo, observando los dibujos descubrimos todo un trabajo previo a la realización de la obra, como es el primer esbozo, algunas modificaciones, su desarrollo. Todo esto nos hace ver un perfeccionista Rafael. En uno de estos estudios, para su Madonna en verde, Rafael se concentra en la composición entre Maria, Jesús y Juan el Bautista. Bosqueja diferentes posibilidades. Son sus primeras ideas para esta Madonna, cuadro que está expuesto en el museo de Viena.

 
Varios de sus dibujos tienen mi predilección. Uno de ellos es el que nos muestra dos ángeles, en tiza roja. Según el catálogo de la exposición, posiblemente es un estudio preliminar para La Sagrada Familia de Francisco I, en el Louvre. Están dibujados parcialmente, pero su presencia es casi palpable. Otro entre mis favoritos es un pequeño angelito con el emblema de los Médici, en tiza blanco y negro que le da una textura especial a la forma. Pertenece a la colección del Museo Teyler.

 
Para sus grandes encargos, trabajaban en su taller una gran cantidad de asistentes, alumnos y artistas, que debían imitar su estilo lo más exacto posible. En el museo conocemos algunas de las obras de estos pintores, entre ellos Giulio Romano, ayuda a Rafael en las estancias del Palacio Apostólico, Perino del Vaga, su nombre verdadero era Pietro Bonarccosi, y Giovanni Francesco Penne, alumno de Rafael y que por su habilidad en copiarle se convierte en su favorito. Esto ha dado problemas a los historiadores del arte para diferenciar las obras del maestro, aunque en realidad no tiene que ser un problema para disfrutar de los dibujos. Sin embargo, los organizadores de la exposición han pensado una manera de hacerlo interesante. En un espacio aparte, el público puede acceder a aparatos audiovisuales para actuar como experto y poner en práctica sus recién adquiridos conocimientos. Importantes son los detalles. De esta manera aprendes no solo a observar bien, sino que te realizas de la extrema dificultad de encontrar las diferencias. Incluso los especialistas tienen que hacer sus mayores esfuerzos, y esto lo muestra el hecho de que durante años, tres dibujos de la colección del museo que estaban adjudicados a alumnos de Rafael, recientemente se ha demostrado que son del maestro italiano.

 
Rafael murió con 37 años. No estaba casado y mantenía una relación con Margarita Luti, la Fornarina, que pintó desnuda, una forma poco frecuente en la época, no mucho antes de su muerte. Un brazalete con el nombre del pintor y un anillo apenas visible, puede ser el  indicio de que hubo un gran amor entre ellos. Pero la temprana muerte, que le impide terminar su última obra Apoteósis de la Transformación, y el misterio que parece rodearla, hizo que creciera a través de los años un mito romántico que incluso se ha visto reflejado en la literatura de Rafael Alberti en los cinco sonetos Sobre los amores de Rafael y la Fornarina.