Navidad

Navidad

jueves, 20 de febrero de 2014

A ti

Rogelio de Egusquiza
 
 
 
 
Una palabra sola, desnuda, frágil, se desliza entre mis labios cincelando impredecibles deseos en la piel. Dirigida a ti que me ofreces tu espacio en un tiempo de íntimos ritmos, de búsqueda insaciable, extenso paisaje de profundidad azul. Un instante preciso, un momento creado y mi palabra, que silenciosa entre las tuyas, trata de encontrar su propio sonido, transparente y eterno, hasta descifrar el enigma de la voz.
 


 

domingo, 16 de febrero de 2014

El arte necesita su tiempo



 
 
 
 
Rijksmuseum Twenthe, Enschede (Holanda)
 
No hace mucho me reconcilié con los artistas que emplean nuevas tecnologías para crear arte. Entendí que la finalidad de este género artístico es la comunicación interactiva entre el público y las obras. La clave para un buen entendimiento es entender su lenguaje y dedicarle más tiempo. Sin embargo, esto no es tan fácil como parece y aunque Platón consideró el arte como el idioma que todas las naciones comprenden, éste tiene una gramática con tan difíciles acentos que te hacen notar algo más que confusión. Desde luego que me sentí a veces confusa, pero también interesada y asombrada al visitar la exposición de Bart Hess, artista holandés. La verdad es que fui al museo sin otros propósitos que dejarme sorprender por la obra de quien, según sus palabras, quizás forma parte de una nueva clase de artistas para la que aún no hay nombre.
 
Emile Zola escribió que el Arte es la naturaleza vista a través de un temperamento, y en el arte de este jóven artista no hay lugar a duda que hay mucho de un temperamento indagador e inquieto, que nos hace ver el carácter de sus obras más allá de los límites impuestos por reglas y tradiciones. En la entrevista concedida a la revista del museo, habla de otro posible mundo que él imagina, un mundo donde la técnica hace fundir juntos cuerpos y objetos y donde lo humano y lo animal se mezclan creando nueva vida, siendo la naturaleza y la técnica su fuente de inspiración. Bart Hess experimenta con el material que emplea, consiguiendo los más extremos resultados. Una de sus obras expuestas es un tapíz hecho con 20 kgs. de alfileres, algo verdaderamente espectacular. Desde lejos parece un tejido suave, que puedes acariciar, pero si te acercas te das cuenta de que no va a ser muy agradable rozarlo con la mano.
 
Algo instintivo en él, según sus palabras, es indagar el cuerpo humano. Sus creaciones determinan la relación entre el cuerpo y los materiales, pero es el cuerpo el que hace que el material se exprese. Desde esta perspectiva hay que buscar lo lógico en su trabajo. Latex, plástico, goma de mascar, metal, tejidos, son, entre otros materiales, sus herramientas de trabajo. Su especial manera de manipular y fundir los materiales con la piel humana da resultados extraordinarios. Prueba de ello es el conocido traje realizado para Lady Gaga, Slime Dress, en un material viscoso y resbaladizo, que se adaptaba al cuerpo de la artista marcando su silueta. Otra de sus creaciones son unos zapatos negros que hacen sentir la realidad de que estás ante un ser vivo. No son zapatos de quitar y poner sino que crecen con el cuerpo y forman parte de él,  y al igual que éste respiran y palpitan, tienen vida. El material, silicona y plástico, ha sido manipulado hasta conseguir el aspecto de la piel de un animal que no podemos identificar. Francamente inquietante.
 
Bart Hess define a sus obras como enérgicas y expresivas, aunque también confiesa que tienen en ocasiones su lado oscuro y asfixiante. No sé si habrá un nombre para este género de arte, tampoco el artista lo conoce, pero de lo que no hay duda es que lo que él hace nos acerca a un futuro sugestivo de fantasía, que nos desconcierta y atrae, pero que no deja a nadie indiferente. Será necesario tiempo para llegar a entenderlo completamente.
 
 
 

domingo, 12 de enero de 2014

Trampantojo, o el arte de ver lo que no es

 
 


 
 
 


http://alenarterevista.net/ 


Los artistas holandeses fueron los primeros en sentirse deslumbrados por la belleza de los cielos y dejar constancia con sus pinceles. En sus pinturas los cielos juegan un papel tan importante como la tierra y el agua, situando en segundo lugar al hombre y a la arquitectura. La luz y el agua son dos elementos primordiales en la composición de los paisajes del Siglo de Oro holandés, como ya nos descubrieron pintores como Van Goyen, Ruisdael y Vermeer. El escritor francés Edmond de Goncourt nombra a Holanda en su diario un país anclado, donde la luz brilla como si fuera filtrada a través de una botella de cristal llena de agua salada. Por el contrario, el filósofo Hypolite Taine escribía que el horizonte holandés tiene poco que ofrecer. Los perfiles son suaves, adormecidos y borrosos por la presencia continua de la neblina que siempre cuelga en el aire. Lo que domina son los detalles. Así, una vaca pastando es un detalle en medio de otros detalles. Hay que observar los matices y valorar los contrastes. Quizás sea esta diferencia en opiniones lo que hizo surgir el mito de la luz en la pintura holandesa.

 

Sin embargo, me preguntaba esta mañana cuando me dirigía en tren a Den Bosch, en la provincia de Brabante del Norte, si todo lo que muestra la luz te hace ver o sentir la verdad de lo que está ante tus ojos. A través de la ventana del vagón se presentaba un paisaje brillante, iluminado por un cielo azul, limpio de nubes. Los campos ordenados, moteados de granjas, caballos y alguna que otra vaca, el brillo del agua en los canales y acequias de riego en los que nadaban placenteramente diferentes aves, acentuaban el carácter veraniego a toda la composición. Nada más lejos de la realidad. Estábamos a finales de noviembre y ya el invierno se imponía con temperaturas escasas y un viento que hacía llorar. Guantes, bufandas y gorros eran imprescindibles. Estaba claro que había caído en la trampa que me tendía el paisaje, haciéndome ver lo que no era.

 

En el arte esto se conoce con el nombre de trampantojo, del francés trompe-l'oeil, una ilusión óptica que los artistas crean con especiales técnicas, perspectiva, luz y sombra, para confundir la vista y hacer que lo que vemos con los ojos lo interprete el cerebro de manera diferente. Una manera de jugar con el expectador. Maurits Cornelis Escher es uno de los más conocidos artistas en este género, que con inteligente estilo y precisión geométrica nos asombra con sus imaginadas, e imposibles, construcciones. Artistas holandeses del Siglo de Oro como Cornelis Jacob Biltius, Johannes Leemans y Cornelis Gijsbrechts, al igual que algunos de sus colegas más modernos, son verdaderos maestros en el placer de engañar y provocarnos un agradable desconcierto, como podemos experimentar en la exposición que se puede visitar hasta el 26 de enero del próximo año, en el Noordbrabant Museo, en Den Bosch. Cada uno de los objetos y cuadros que se exponen tienen algo extraño que te hacen mirarlo repetidamente. Una de las pinturas es un óleo de grandes dimensiones, de Cornelis Biltius, probablemente hecho por encargo para ser colgado en algún pabellón de caza. Los animales recién cazados parecen colgar muertos de una manera tan real que te produce un cierto desasosiego.

 

La colección del museo ocupa las dos plantas del edificio, que fue residencia del antiguo Gobierno Militar. Tiene una colección que abarca el arte, la cultura y la historia de la provincia de Brabante del Norte, pero es su programa de grandes y pequeñas exposiciones lo que le da popularidad. Una de ellas es la dedicada a Lita Cabellut, artista catalana residente en los Países Bajos. Trilogía de la duda, cinco inmensos trípticos sobre el poder, la injusticia y la ignorancia y una serie de retratos, titulados Mujeres fuertes, Coco Chanel, Frida Kahlo, Anne Frank, Madame Curie, Madre Teresa y Billie Holiday. Mujeres que ponen imágen a la compasión, la valentía y el sacrificio. Esta monumental obra puede también hacernos caer en la trampa. Observando su técnica, la expresividad y tamaño de las figuras, la atención puesta en los trajes, los fuertes trazos, la intensidad del color y el brillo de lacas y barnices, sentimos el impulso de olvidar el lado frágil y oscuro de la vida. Y desde luego no es esto la intención de la artista.






 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los museos se reservan para el otoño




en Alenarte

 

 

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

 
El otoño se acerca.
Ángel González.

 

El verano parecía no querer irse este año. Las temperaturas, alrededor de 30 grados en las primeras semanas de octubre, competían en playas y terrazas por un público desganado de sol que, sin saber a qué atenerse, mostraban desconcierto en el vestir al pronosticarse tormentas por las tardes. Por otro lado, los días ya no tan generosos de luz nos advertían que no debíamos confiarnos de una naturaleza voluble. Sin embargo, muchas veces ocurre así cuando llega el otoño; éste se muestra algo bobalicón y, sin hacer apenas esfuerzos por quedarse, juega con nosotros al escondite. Mientras, en este tiempo de espera e indecisión en los límites del verano, con la agenda aún vacía de quehaceres, me gusta sumergirme en la biblioteca de casa, sacar a la luz y releer los libros de los que no fui capaz de desprenderme y que permanecen allí desde mis años jóvenes.

 

La familia, leer y visitar algunos museos, eran mis principales citas para este verano. Desde hace unos años ya no es sólo sol, playa y chiringuitos en Málaga. Ahora existe también un extenso programa cultural que durante todo el año ofrece obras de teatro, conciertos, conferencias literarias, recitales de poesía y festivales. Capítulo aparte merecen los museos. Hay uno en particular que es muy interesante para saber de la vida de los malagueños en el pasado y en el presente. Es el Museo de Artes y Costumbres Populares. Está situado en un edificio del siglo XVII, el solar es del siglo XV, que antaño sirvió como mesón. Una visita al museo te hará conocer más la historia y la forma de vivir de los malagueños. Está instalado con mucho detalle y dedicación. Recorrer las diferentes salas es gratificante.

 

En estos momentos se están terminando las obras de rehabilitación del antiguo edificio Palacio de la Aduana, donde será instalado el Museo de Málaga, con pinturas, piezas arqueológicas, esculturas y otros objetos. Su inauguración estaba prevista para este año, pero según nuevos cálculos puede ser que sea abierto a finales del 2014.  No hay que desesperarse, porque hay más cosas para ver, hay más exposiciones. Especialmente atractiva es la que muestra el Museo del Vidrio y Cristal, una colección privada de unas 2000 piezas de cristal de distintas épocas. El edificio es una casona rehabilitada del siglo XVIII. La exposición se completa con pinturas, muebles y objetos de decoración distribuido todo por las habitaciones de la casa. Pasar por ellas, atravesar pasillos, asomarse al patio interior, respirar el ambiente de entonces, te hace sentir el espíritu de los que allí vivieron. El Museo Picasso, el Museo del Vino, el Centro de Arte Contemporáneo, el Museo Revello del Toro y otros más, ofrecen al que llega a Málaga colecciones con el suficiente atractivo para concertar una visita.

 

Sin embargo, los museos se reservan para el otoño. Es entonces cuando recobran energía y salen del letargo veraniego con interesantes exposiciones. Muchos museos esperan a esta época del año para presentar nuevas adquisiciones y organizar actividades. Así ocurre también en Málaga. Este año y  desde el 4 de octubre el museo Carmen Thyssen muestra la exposición Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias en la colección Carmen Thyssen. Un largo título para un recorrido a través de más de cuarenta pinturas de paisajes que van desde la mitad del siglo XIX hasta 1950, mostrando la obra de paisajistas nacionales como Carlos de Haes, Eliseu Meifrén o Santiago Ruiseñol, entre otros. Lo curioso es que ya a la entrada del museo te advierten de que, de los cuatro artistas más arriba mencionados, sólo cuelga una obra de cada uno de ellos. Pienso si será para evitar reclamaciones. La exposición nos hace ver la evolución de este género a lo largo de casi un siglo y su relación con las tendencias del arte internacional, especialmente el francés. Como siempre que visito este museo tengo la sensación de volver a casa. Este edificio del siglo XVI, conocido como el Palacio de Villalón, ha sufrido varias transformaciones y ha pasado a ser desde domicilio familiar hasta convertirse en una tienda de loza y cristal en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Su rehabilitación, la de los edificios colindantes, los nuevos comercios, han dado a esa parte de la ciudad una aire más abierto sin perder el sabor tradicional.

 

El verano se dejaba aún sentir cuando dejé Málaga, pero encontré el otoño a medio camino hacia el norte. Pequeños pueblos blancos al sol ponían chiribitas alegres en los campos. En Francia se dejaban notar tranquilos y silenciosos. Más al norte eran los caminos cubiertos de hojas secas y crujientes, los que abrigaban la tierra desnuda. Ya en casa me recibió un paisaje maduro, de luz elegante, de amarillos y ocres, marrones y rojos intensos. Pero no tienes que dejarte atrapar sólo por la naturaleza. También lo cultural tiene muchos atractivos que puede llenar de citas tu agenda y es Holanda, con su rica y variada tradición en el arte, la que te seducirá con la oferta sugestiva de sus museos.

 
http://www.davincithegenius.nl/
http://www.tassenmuseum.nl/
http://www.paleishetloo.nl/
http://www.groningermuseum.nl/
http://www.bonnefanten.nl/
http://www.teylersmuseum.eu/
http://stoommachinemuseum.nl/
http://www.jheronimusbosch-artcenter.nl/

lunes, 25 de noviembre de 2013

Requisitos de la memoria

Valentine Cameron Prinsep



En medio de la vorágine que vivimos, la velocidad del tiempo y los límites de espacio nos hace vulnerables al olvido, hasta que nos sorprende la memoria despierta con una imagen, una palabra escrita, un sonido, una pequeña brisa. Para esclarecer en lo posible nuestra frágil leyenda se hace necesario una verdadera profesión de fe. Con este atributo indagamos todos los caminos andados hasta el presente, sin caer en las dudosas intenciones de los iniciados en vivencias paralelas. Una memoria distante pero sugestiva está por encima de cualquier estudio. En nosotros queda depositado el poder de interpretarla y entregarnos a ella.

 

viernes, 25 de octubre de 2013

Adiós verano, adiós.



Alenarte Revista 97 mes septiembre

 

En este mes de septiembre despedimos al verano. Yo lo hago sin tristeza, cansada de temperaturas impertinentes, de políticos mentirosos, de discusiones partidistas y declaraciones bravuconas. Un verano implacable que quedará en nuestra memoria por la ausencia de los que nos fueron arrebatados, de los que no llegaron a su destino. Sin embargo, no podemos afirmar que el de este año haya sido peor ni mejor. Comparar un verano con otro es inevitable, pero no se ajusta a la realidad. La memoria transforma lo que anteriormente fue un hecho y el resultado no es de confiar. Como canta Joan Manuel Serrat, los recuerdos suelen contar mentiras. De los veranos nos quedarán los momentos y las imágenes, huéspedes en nuestra memoria, que nos enfrentan con nostalgia a los años pasados pero que no nos confirman verdaderamente la realidad.

 

El día 22 de este mes de septiembre, a las 22 horas y 44 minutos, llega el otoño. La naturaleza tiene algo de melancólico y toma una tonalidad cálida y elegante. Hay una musicalidad especial en el ambiente provocada por el viento, las hojas caídas y las aves que preparan su marcha. Es tiempo de reflexión. Según la filosofía china no hay nada permanente en la naturaleza. Esta filosofía se basa en razonar sobre la naturaleza y los fenómenos cíclicos. Observando su carácter y la sucesión de las estaciones, establece que todas las cosas tienen dos aspectos, el yin y el yang, que todo tiene un comienzo y un fin, el dualismo en el que dividen los fenómenos de la naturaleza.

 

Sin embargo, si el otoño es la época de cielos claros y aire puro, el verano es un periódo de florecimiento y explendor, de continuo intercambio. Me gusta el verano siempre que sea moderado de carácter, contenido en sus excesos pero generoso con la luz. Esto es una premisa en estas tierras holandesas en las que el gris abunda tanto. Este verano hemos gozado aquí de unos meses en equilibrio. Aprovechando las largas horas de luminosidad visité una pequeña ciudad, Goes, en la provincia de Zelanda. El buen tiempo y ambiente veraniego y animado, las gaviotas y el aire con sabor a mar, me trajeron rememoranzas costeras. Tiene un centro acogedor que conserva el trazado antiguo, monumentos e iglesias. Su historia se remonta al siglo X cuando surgió  un pequeño poblado en una ensenada junto al río Korte Goes. Tres siglos más tarde era ya una ciudad portuaria, y siguió creciendo a pesar de sufrir situaciones políticas inseguras, pérdidas de cosechas, inundaciones y guerras. En el siglo XVI y durante el dominio de los españoles, fue asediada e invadida por tropas anglo-holandesas. Un grupo no muy numeroso de soldados de los Tercios Españoles tuvieron que atravesar 15 kms. a nado, cargados con pólvora, provisiones y lanzas, hundiéndose en el lodo del fondo y con el temor por las corrientes del río y la subida de la marea. Como no podía ser menos, consiguieron ocupar de nuevo la sitiada Goes. Esta proeza, o será mejor llamarlo audacia, ha quedado en la memoria de los holandeses con el nombre de el Socorro de Goes. Toda una escena bélica propia de Alatriste.

 

El museo Histórico de Goes me mostró otros capítulos de su historia. El edificio, que ha sido convento y orfanato, guarda ahora objetos relacionados con la vida civil y militar de la ciudad y sus habitantes. Hay una colección de trajes y joyas que usaban los naturales de la región en los últimos 150 años. Distintas telas, colores y estilos dan a conocer las diferencias en el vestir entre los católicos y los protestantes, lo exuberante del catolicismo en colores, joyas y texturas, frente al protestantismo calvinista holandés. En las vitrinas encuentro uniformes de la milicia, un casco y media armadura con todas las trazas de haber pertenecidos a un soldado español, una bala de cañón, disparada seguramente por el mismo soldado, un trozo de bandera del ejército contrario, y otras piezas de su interesante historia. Mas adelante me encuentro en una sala dedicada a los problemas  y su lucha con el agua y las inundaciones en toda esta región. Es la parte de Holanda donde más polders hay. Ellos trajeron a Goes y a la provincia de Zelanda bienestar y prosperidad, pero también pérdida de terreno, pobreza y pueblos hundidos.

 

No todo iba a ser guerra en el museo. Hay, además, una exposición temporal destinada al bordado en punto de cruz, muestras de tela en lino, algodón y seda, conocidas con el nombre inglés de sampler, realizadas algunas ya en el siglo XVII por niñas con edad comprendida entre los 6 y 14 años. Estos muestrarios o marcadores servían para aprender y ejercitar el bordado, que más tarde empleaban para marcar con sus iniciales el ajuar. El sampler más antiguo que se conserva hecho en Holanda tiene fecha de 1608. Hay samplers bordados sólo con el abecedario y otros a los que les añaden diferentes motivos, la mayoría de carácter simbólico. El origen de este bordado no se conoce exactamente. Existen muestras de seda bordada, en un estilo distinto al actual, encontradas en Egipto y Asia. En Europa aparece en la Edad Media, pero es a partir del Renacimiento cuando verdaderamente florece, existiendo esquemas con letras y símbolos, además de otras clases de bordados y encajes. Muchos artistas nos han dejado testimonio de estas pequeñas obras de arte en sus pinturas.

 
Dejamos descansar la historia y los bordados para entregarnos a la realidad de las calles. En el centro y alrededor del puerto hay tiendas, cafés y restaurantes. Es una ciudad alegre aunque no de manera excesiva, con algo de sosiego en su ambiente y nostálgica de su pasado. Goes nos ha acogido hoy con una temperatura amable, que no altera. Agosto ha sido aquí un mes de buena voluntad, discreto con las lluvias y equilibrado con el sol, y no debemos ser indiferentes con su buena voluntad en este país de ranitas y canales. Ahora, en estas vísperas del otoño, nos sorprende el atardecer que con sus prisas va adormeciendo poco a poco el contorno de todo lo que nos rodea. La visita a Goes ha sido aventurarse en su ayer y en su presente, imágenes con las que nos quedamos y que nos gustará recordar, si no se hacen huéspedes fugitivas en nuestra memoria.


viernes, 13 de septiembre de 2013

La catedral de Cuypers






La catedral de Cuypers *

 

La historia del Rijksmuseum de Amsterdam comienza a principios del siglo XIX cuando nace  la idea de construir un edificio para albergar las colecciones de pintura y otros objetos históricos y de arte, provenientes de diferentes instituciones estatales y que hasta entonces estaban alojadas en el Trippenhuis, un pequeño palacio del siglo XVII en Amsterdam.

 

La decisión final se toma por fin en 1876 después de muchas consultas e indecisiones. El proyecto se le adjudica al arquitecto holandés Pierre Cuypers, católico, nacido en 1827  en Roermond, provincia de Limburgo, aunque no todos estaban de acuerdo con esta elección. Considerado como el constructor y restaurador de iglesias, capillas y monasterios, su obra tenía una gran influencia del gótico francés. Había estudiado a fondo esta forma artística de construcción e incluso se atrevía a ponerla en práctica, y aunque su proyecto para el Rijksmuseum era en parte de estilo neogótico y aún más manierista, el resultado recibió muchas críticas por los defensores del protestantismo al hacerles recordar a una iglesia católica. Tampoco fue del gusto del rey Guillermo III de Orange, que lo consideró demasiado burgués y decidió que no pondría un pie en ese convento. Se negó a poner la primera piedra y a llevar a cabo la inauguración oficial.

 

Desde su construcción, el museo ha sufrido diversas transformaciones adaptadas a las necesidades y a los gustos y exigencias de los años, y aunque la fachada quedó intacta, el interior cambió considerablemente. A principios del siglo XX se abrió una nueva sala, dotada de una iluminación especial,  para instalar en ella el cuadro La ronda de noche, de Rembrandt. Más adelante se añadieron diversos pabellones, entre ellos el pabellón Philips que albergaba una colección de pinturas de la Escuela de la Haya. Poco a poco el museo va tomando otra fisionomia, los muros se encalan, los suelos se cubren, la distribución toma otra dirección. Tantos cambios y reformas hizo que se oyeran advertencias por el peligro que corrían el estilo y la armonía del edificio.

 

Muchos años después se recuerda esta sentencia cuando en el otoño del año 2000 se decide someter al museo a una nueva reforma. La orden que reciben los arquitectos es hacer desaparecer del edificio todo lo que se le ha ido añadiendo en tiempos anteriores, hasta que de nuevo resulte una unidad y se recupere el brillante inicio de Cuypers. Pero no ha sido fácil. Se concertaron planes para los trabajos de arquitectura y planes para la decoración, se desecharon y se volvieron a pensar. Se discutieron desacuerdos entre el museo y el ayuntamiento, se concedieron licencias, hubo retrasos, se adaptaron nuevas ideas, se solucionaron problemas. En resumen, resultó una operación de enormes dimensiones llevada a cabo por los directores del museo, Wim Pijbes y Taco Dibbits, los arquitectos españoles Cruz y Ortíz, el diseñador de interiores Jean Michel Wilmotte, y un ejército de titulados y personal del museo. Mientras tanto, el museo seguía recibiendo a quien quisiera visitar parte de su colección.

 

Finalmente, después de diez años de espera, el Rijksmuseum abrió oficialmente de nuevo sus puertas el 13 de abril pasado, y esta vez en su estado original. La diferencia con el viejo museo es enorme. La entrada es ahora amplia y luminosa. Ha desaparecido el laberinto de salas que le habían ido añadiendo y donde se ahogaban las colecciones expuestas. Han restaurado su decoración y abierto al exterior los patios interiores. Se han echado abajo todos los muros blancos. No se han escatimado gastos ni esfuerzos para recuperar el proyecto de Cuypers. Lo curioso es que ahora el Rijksmuseum está más cerca del siglo XIX que en estos años anteriores.

 

Visitar un museo como éste no es algo que se puede hacer en un día. Una ruta cronológica de un kilómetro y medio te lleva a lo largo de una rica y brillante colección de pinturas, imágenes, trajes y armaduras, grabados, muebles, alfombras, armas, cristal y vajilla, muebles y tapices, que casi había quedado en el olvido. De entre los ocho mil objetos de arte que se exponen, del millón que tiene el museo y que cubren ocho siglos de historia, es difícil saber por dónde empezar.

 

Para evitar la saturación tienes que hacer una elección, escoger un tema, una sala, un artista, incluso una sola obra. En este caso no tengo dudas, me decido por recorrer la galería de honor, el pasillo con columnas que me lleva a La Ronda de Noche de Rembrandt. Sin ella no podemos imaginarnos el Rijksmuseum, que en realidad fue proyectado especialmente para este cuadro, como si se tratara de una catedral donde La Ronda de Noche cuelga en el altar mayor al igual que una imagen de Cristo. Es la única obra que ha vuelto a ocupar su antiguo lugar, bajo la mirada atenta de las cariátides, cuatro bien formadas figuras femeninas.

 

Esto es solo el principio. Hay mucho más para ver hasta completar las ocho mil obras de la colección. Lo mejor es volver, el Rijksmuseum se merece más de una visita, sin aceleración y dedicándole el tiempo que se merece. Unicamente así se puede opinar si la renovación ha sido un suceso completo.

 
http://alenarterevista.net/