Francis Millet

Francis Millet

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Visita a un museo: "Lectori salutem"


Prefiero escribir a mano y dejar constancia de mis letras en el papel, sentir el roce suave y a veces áspero, hiriente, de la pluma sobre la superficie todavía virgen. Mis sentidos despiertan con el tacto y el crujir alegre de las cuartillas entre mis dedos, y más aún con la lectura y curiosidad que sobre mí ejercen los libros y todo lo que está escrito. Hoy esta querencia mía me ha llevado a visitar el mundo ilimitado de letras, palabras y textos, en el museo Allard Pierson de Amsterdam. Allí la palabra escrita y el papel son los responsables directos de una exposición sobre la historia de los libros y los textos, sus orígenes y su conservación a través de los tiempos hasta nuestros días.

La visita de hoy comienza en un pasado muy lejano con uno de los poetas más leídos desde la antiguedad, Homero, que describe en sus obras épicas de La Iliada y la Odisea, la batalla de Troya en la época micénica. En realidad es posible que lo que él escribe fueran historias habladas transmitidas a través de los siglos anteriores y finalmente recogidas y escritas por el poeta. Quizás Homero fuera una especie de trovador de esos que recorrían las ciudades recitando historias en forma de versos a cambio de comida y albergue; hasta es posible que no haya existido. Esa es otra cuestión. De cualquier forma sus textos literarios son unos de los más antiguos conocidos en Europa y han sido copiados y traducidos miles de veces.

Pero en aquel tiempo de Homero no conocían el papel, y era el papiro el medio más usado por los griegos y romanos para escribir la palabra. El papiro se elaboraba de una planta acuática que nacía en el Nilo, y tenía un significado sagrado para los egipcios que le daban el nombre de "Flor del rey". Después de un largo y delicado proceso con los troncos de las plantas, conseguían rollos de varios metros, que cortaban en hojas para hacer su empleo más fácil, y que después guardaban también enrolladas en cajas y armarios. El papiro continuó usándose hasta los alrededores del siglo II a.C. El inconveniente era su fragilidad, y la poca ductilidad que lo incapacitaba para ser doblado. Otra desventaja: sólo en uno de sus lados se podía escribir. Para solucionar estos problemas se pensó en el pergamino, que ya existía junto con el papiro desde algún tiempo atrás. Hecho de la piel de animales –ovejas, cabras o vacas- era más manejable y facilitaba el uso de las hojas, permitiendo encuadernarlas como libros: el códice. Este paso de papiro a pergamino fue decisivo para la conservación de los libros antiguos.

Ante la mirada ciega de un busto de Homero voy recorriendo las salas de la exposición que me llevan por distintas épocas y culturas. Así paso de una biblioteca romana a una biblioteca en un convento, y de ahí hasta una biblioteca pública del siglo XVI en Amsterdam. Me encuentro con Virgilio, Albius Tibullus, Publio Ovidio, Valerius Maximus, Marco Tullio Cicerón, ... hombres que eligieron las letras, nombres que hicieron historia. En las vitrinas descansan preciosos manuscritos y libros que se aprecian frágiles, merecedores de toda delicadeza, y textos, que son ejemplos de cómo la obra de autores clásicos han sobrevivido el paso de los siglos. Hermosos trabajos de caligrafía y dibujo, letras, iniciales ricamente adornadas en tinta negra y de color, todo un sacrificio personal de los monjes de aquel tiempo.

Y ese tiempo cambia: aparece el papel en China, más tarde los árabes lo llevan a Europa. Hecho de fibra vegetal, deberá su vida al árbol. La llegada del cristianismo, Carlomagno y su época, el Renacimiento, el Humanismo, el descubrimiento de la imprenta, el nacimiento de la universidad, el desarrollo económico, son los siguientes capítulos de esta historia literaria que todavía está sin terminar. Hoy día siguen existiendo cambios: nuevas tecnologías nos han llevado hasta el mundo digital de Internet y las computadoras, televisión, vídeo. La palabra escrita, que empezó siendo un acto artesanal, ha pasado a ser un gesto que depende de la mecánica y deja cada vez más un lugar de preferencia a la imagen. Escribir es ahora transmitir un impulso al teclado, manipular un aparato, todo con el lema de la eficacia y la rapidez. Sin embargo, yo no creo que estos nuevos medios, tan pagados de sí mismo y con un cierto aire asaz, nos hagan olvidar la convinción íntima que tenemos, esos momentos de promesas y excitación precedentes que debe hacer soñar a todo artista: crear la obra sublime con el pulso de su mano y la complacencia del papel.



Fuente consultada:www.boekenoudheid.nl/global/nl/

1 comentario:

ernesto51 dijo...

http://ernesto51.wordpress.com/Gracias por permitirnos participar y conocer desde la lejanía esta exposición, que yo personalmente disfrutaría con verdadero placer. También soy amante de la escritura a mano, en mi moleskine y siempre con estilográfica, el disfrute del deslizar la pluma por el papel, ese apenas perceptible rasgueo...

Saludos Pilar